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Interpretación de la historia personal:
las imágenes de Héctor Siluchi



Héctor Siluchi presenta una obra que sigue su reflexión en torno a la diáspora; una reflexión que ya se ha manifestado en obras como La cantija de las merenjenas (Oviedo, España 1999) y Victoria (Sala Cuadrilátero, Estocolmo 2000). En los ventanales que dan a la calle del Stadshus de Uppsala Siluchi muestra seis imágenes (1,80x1,20m) en blanco y negro impresas digitalmente. Las seis imágenes siguen el mismo patrón: están divididas en tres franjas horizontales, tienen el dibujo de un avión en la parte superior, en el centro imágenes de niños posando en bancos de escuela y en la parte inferior una palabra en un dialecto del castellano, el judeoespañol, escritas con letras minúsculas. Estas imágenes están acompañadas de una figura geométrica ubicada a la izquierda y pegada al vidrio de los ventanales del edificio. La figura, hecha con huincha adhesiva blanca contiene en su interior líneas rectas o cortadas en distintas direcciones.



El código cultural en la intepretación
Interpretar una imagen implica, sino compartir, al menos conocer el código cultural del artista. En el campo del arte se puede argüir el derecho del espectador de interpretar lo que le plazca en razón de su experiencia estética. Sin embargo, una obra se hace por algo y para algo, tiene una intención y más allá de la incuestionable experiencia estética personal, lo interesante es el desafío que plantea la obra que consiste en descubrir qué es lo que quiere trasmitir el artista. Mi primer desafío, después de haber «descubierto» los aspectos meramente técnicos y formales, que ya implica un conocimiento del código cultural en esa área, es interpretar las figuras que aparecen en esas imágenes. En la parte superior se repite la figura de un avión, una imagen común en nuestro medio cultural; en Suecia debe haber pocas personas que nunca han experimentado un viaje en avión, por lo que el signo funciona para transmitir la idea de viaje.


La segunda franja nos habla de quiénes son los que viajan: niños. El avión no sólo es el medio de transporte más efectivo de los últimos 50 años, sino el medio que ha permitido que personas de lugares de todos los continentes hayan llegado a este país y estén siendo agentes en la construcción de los cimientos de la futura Suecia. Una mirada a las imágenes nos revela que en algunas, los niños están vestidos unifor-madamente y que el diseño de los pupitres escolares es diferente entre una imagen y otra, y diferente a los que se usan actualmente en las escuelas suecas; sin embargo, en todas las imágenes puedo reconocer el ambiente de una sala de clases. Una información fundamental que nos trasmiten las imágenes es que se trata de niños pequeños, probablemente en su primer año de escuela. La interpretación avanza en su recorrido: la escuela es la institución que transmite la historia oficial de la cultura, es el lugar que «uniforma» los aspectos que la cultura considera más relevantes de conservar de sí misma. Estos niños son los que van a repetir lo aprendido de generaciones anteriores, y los que a su vez irán formando nuevas «escuelas», manteniendo o desechando expresiones heredadas e incorporando nuevas.






Cabe la pregunta: ¿Estas seis imágenes tienen un orden o están puestas al azar? Si están en un orden determinado, ¿cuál debería ser el punto de partida? En este aspecto de la interpretación tenemos dos partes de la obra que no hemos tocado y que nos pueden ayudar. La primera es la franja inferior de las imágenes, cada una con una palabra. La dirección «lógica» de la lectura de las lenguas latinas, germánicas y sajonas es de izquierda a derecha y es la que sigo en primer lugar; sin embargo, en este caso, esa dirección no parece la «correcta». La dificultad en definir la dirección de la lectura radica en la falta de palabras que conecten directamente un concepto con otro, lo cual obliga al espectador a buscar la conexión basado en una lógica conceptual. Si pruebo la lectura de derecha a izquierda, aparece la siguiente secuencia: discuvro (descubro) - caminus (caminos), - páxaro (pájaro) - árbuli (árbol) - avlas (aulas) - sulvidu (olvido). Esta secuencia da pie a una interpretación que refuerza las imágenes de las dos franjas superiores: el viaje, la escuela, la transmisión de cultura y la experimentación. La lectura de derecha a izquierda (propia del hebreo) es seguida por las figuras dibujadas en el ventanal del edificio, que son las instrucciones (en seis pasos) para hacer un pájaro a partir de un papel de forma cuadrada. Estas instrucciones, cuyo recorrido nos conduce a la figura de un pájaro nos trae de nuevo la idea de vuelo, de emigración y de difusión.

El título de la obra, Escala de grises, es sugestivo y no es pura metáfora, es el color de las imágenes de la franja del medio. La pregunta es, obviamente, qué pueden representar los grises en la obra. La asociación directa es la uniformidad de la escuela (acentuada por la imagen de una clase en uniforme), que se contrapone a la riqueza de matices culturales que puedan representar esos niños.

El relato escondido
Ciertamente, la interpretación puede llegar hasta aquí, pero la curiosidad nos lleva a investigar detalles del relato, detalles que no son conocidos por el público que pasa por la calle desde donde se ven las imágenes. Por ejemplo, porqué el uso del judeoespañol, quiénes son los niños que muestran las imágenes y cuándo fueron tomadas las fotografías. En este punto entra la historia personal del artista. Héctor Siluchi es originalmente de Viña del Mar, Chile, y llega a Suecia en 1984 como refugiado político.

Los niños que aparecen en las imágenes, en las que advertíamos diferencias, corresponden a fotografías tomadas en distintas épocas y en distintos países cuya historia tiene un punto de partida bien definido: un grupo del jardín infantil Agnesberg de la comuna de Solna en Estocolmo. Ese grupo está formado por niños nacidos en Suecia cuyos padres han emigrado de Rusia, Inglaterra, Chile, Argentina, Polonia y Etiopía; y entre ellos también una niña hija de padres suecos y el hijo menor de Siluchi. Algunas imágenes son de esos niños pero otras correponden a la época escolar de los padres de esos niños, época en la que aprendían los hitos más relevantes de la cultura de sus padres.






El uso del judeocastellano, que presenta serias dificultades de interpretación para un sueco que no tiene conocimiento de los idiomas derivados del latín, tiene su razón de ser en el origen sefardí de la abuela de Siluchi. Pero su inclusión en la obra no es meramente emocional. Si revisamos la historia, encontramos que el gentilicio sefardí o sefard procede de Sefarad, nombre bíblico de España. Los sefardí se habia asentado desde la época del Bajo imperio romano en la península participando activamente en la vida política y cultural del país. El decreto de expulsión de los Reyes Católicos (1492) obligó a los que no quisieron abrazar el cristianismo a abandonar Castilla y Aragón, dispersándose por distintos países de Europa, Africa y el Mediterráneo oriental, entonces bajo el dominio otomano. En sus países adoptivos se organizaron en comunidades y conservaron la lengua castellana. Se cree que un grupo de los expulsados llegaron con los conquistadores a América, aunque por las circunstancias reinantes su paso al Nuevo Continente no esté oficialmente registrado.

El texto que presenta la obra dice:
«In the exile the only homeland that exist is the language. This is a history of memories. Memories touched from the magic of a picture and of words. Memories because they were being brought up in the move of time, creating encouters, coincidences and together they waked up from the past. With these images I convence in them, this history of yours, laceration and exile.»

***
Como conlusión vemos que la obra tiene su punto de partida en una experiencia personal, una experiencia que sin embargo es compartida por los miles de nuevos suecos que empiezan a echar raíces en este país. Pero es la historia del alejamiento de una cultura para iniciar un proceso de incorporación a otra que han vivido todos los inmigrantes a través de toda la historia del hombre.


* Ximena Narea es historiadora y crítica de arte
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Às 16:48 em 10 setembro 2009, Sala de Arte WENTECHE disse...
Bienvenido a la red.
Saludos
 
 
 

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